Mi historia galguera.
Por Antonio MirallesLo recuerdo como si hubiera sido ayer mismo, corrían la final "Turbo" y "sanluqueño" en la localidad de Medina del Campo (Valladolid) y yo había creado recientemente el programa de caza y pesca "Fauna y Deporte" que se emitía en TeleElx, una importante televisión por cable de Elche (Alicante). Aquel día había conducido toda la noche y junto a mi amigo y cámara Diego Miralles, nos trasladamos hasta tierras medinenses sin saber en realidad muy bien de qué iba todo aquello de los galgos en campo, y claro, como se suele decir, la primera en la frente, el terreno estaba absolutamente embarrado y del corredero nos tuvimos que ir a Medina a comprarnos un par de botas de agua.
Para nosotros en aquel entonces la palabra perdedero no significaba nada, así que con la intención de grabar las carreras lo mejor posible, decidimos pegarnos a la mano y andar con ella. Fue la final más larga que recuerdo y no solo porque anduvimos todo el día tras la collera de galgos finalistas cargados de magnetoscopio cámara y baterías, amén de unas botas embarradas que pesaban una tonelada cada una, sino porque, como muchos recordarán, efectivamente "Turbo" y "Sanluqueño" corrieron la última carrera cuando el sol ya se ocultaba, una carrera que por cierto decían algunos que no había tenido tiempo, pero... había que acabar. En fin, aquello fue el comienzo.
Al año siguiente en el último campeonato de España que celebró Alcorcón, y ya situados estratégicamente, grabamos un gran campeonato con una final igualmente memorable entre dos galgas hermanas, "Anita" y "Cobra", lástima que esta última fuera descalificada.
Después y hasta nuestros días fueron llegando los campeonatos celebrados en Sevilla, en las cercanías de Osuna, el único por cierto llevado a cabo en esta comunidad en los últimos años, los de Madrigal de Las Altas Torres con unas liebres increíbles, pero no tanto como las de Ataquines que a día de hoy ostentan la media de tiempo más alta de todos los campeonatos, el de Nava del Rey, el de Torrijos o el celebrado anteriormente en Ontígola donde la cantidad de liebres nulas obligaron a un traslado forzoso a Seseña testigo también de otro campeonato, todos estos sin olvidar Medina del Campo, corredero que reúne varios factores a favor, como son unas buenas liebres y sobre todo un mirador que permite contemplar la mayoría de carreras a la perfección.
Ha transcurrido casi una década y media ya desde aquel comienzo y las anécdotas son innumerables, pero sobre todo ha cambiado la expectación, al principio éramos un par de “aficionados” los que grabábamos estos campeonatos, si embargo en la final de Sevilla fueron ya doce cámaras profesionales las que estuvieron presentes, más que en la retransmisión de un partido de fútbol, y desde entonces hasta el último campeonato celebrado en Medina del Campo prácticamente se ha repetido la historia.
Es tanta la publicidad que se le da a los galgos que incluso los asistentes, muchos de los cuales me reconocen y me felicitan por el trabajo que hago, han aumentado notablemente. Ellos, los galgueros, nos han enseñado, a los profesionales de la televisión que nos dedicamos a esto, algunos “mandamientos” como, colocarás una cámara siempre en el perdedero, o allá donde lo domines, y por el contrario nunca dejarás ninguna entre ellos cuando están pendientes de las carreras, porque amigo, cuando se arranca la rabona, o te mueves con la masa, o estás perdido, puedes gritar, patalear, jurar en hebreo, etc. En esos momentos sólo hay galgos y liebre, la cámara y su operador no son más que un bulto que estorba, aunque eso sí, cuando la cámara está sobre alguna plataforma a la que poder encaramarse para ver mejor la carrera más de uno se te montará en el propio cogote.
El del galgo es, en definitiva, un mundo especial y el campeonato de España su máxima expresión, un evento que en la siguiente edición volverá a concentrar a miles de aficionados y curiosos al tiempo que arrastrará a las cámaras de TVE, alguna televisión autonómica y local y a los de siempre, es decir, a los que grabamos esos vídeos que luego muestran el campeonato de principio a fin, cada carrera, cada suelta, cada regate o guiño, cada muerte o cada liebre que se va, en fin, todo o casi todo. Por cierto, puede que también nos encontremos a alguna de esas otras cámaras en busca de “carnaza”, o sea, de alguna prueba, declaración o cualquier cosa que siga alimentando la fama de verdugos de perros que algunos mal llamados “galgueros” le proporcionaron en algún momento a esta afición y que por fortuna parecen haber pasado a la historia.